sábado, 10 de junio de 2017

Genghis Khan y su halcón

La amistad es uno de los grandes valores por los que merece la pena esforzarse y luchar. Como afirma el clasico refrán Quien tiene un amigo tiene un tesoro.

Un amigo no sólo acompaña en los buenos momentos, sino que es capaz de hacer ver cuándo uno está equivocado, sin temor a que se enfade o se lo tome a mal.


La historia de esta semana, titulada Genghis Khan y su halcón, está sacada del libro Como el río que fluye, de Paulo Coelho, y describe muy bien esta situación, en la que uno hace todo lo posible por salvar la vida del amigo, sin tener en cuenta las consecuencias.

Y recuerda las palabras de Jesucristo de que no hay mayor amor que dar la vida por el amigo. Aquí va a continuación.

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Genghis Kan y su halcón

Cierta mañana, en un remoto lugar de Asia, el guerrero mongol Genghis Khan y su cortejo salieron a cazar. En tanto que sus compañeros portaban flechas y arcos, Genghis Khan portaba su halcón favorito en el brazo, mejor y más preciso que una flecha porque podía ascender a los cielos y ver más allá de lo que el ojo humano alcanza.

Pese al entusiasmo de la partida de caza, no consiguieron presa alguna. Decepcionado, y con el fin de no descargar su ira sobre sus compañeros injustamente, el guerrero mongol se retiró y decidió caminar en soledad.

No obstante, llegado un momento, sintió sed. De pronto, vio un hilo de agua que emergía de entre unas rocas que yacían ante sus ojos, por lo que, acercándose a las mismas, sacó de entre sus vestimentas un pequeño vaso de plata que siempre llevaba consigo y se dispuso a beber. Mas, cuando estaba a punto de llevárselo a los labios, el halcón alzó el vuelo, le arrancó el vaso de las manos y lo tiró lejos.

El guerrero se puso furioso, pero no se enfadó con el halcón, pensando en que quizás tuviera sed al igual que él. Así, agarró nuevamente el vaso, lo limpió y volvió a llenarlo hasta la mitad. No obstante, el halcón volvió a atacarlo y derramó su preciosa carga.

Genghis Khan adoraba a su animal, pero no podía permitir semejante falta respeto en circunstancia alguna, ya que alguien podría estar observándole y cabía la posibilidad de que comunicase a sus guerreros que el gran conquistador era incapaz de domar una simple ave.

En esa ocasión desenvainó la espada y comenzó a llenar el vaso otra vez, posando un ojo en el vaso y otro en el halcón. Nuevamente, el halcón alzó el vuelo y se dispuso a arrancarle el vaso de sus manos, pero esta vez, cuando estaba cerca, el mongol consiguió atravesarle el pecho de un golpe certero.

De pronto, el agua se secó. Como Genghis Khan tenía mucha sed y estaba dispuesto a beber a cualquier precio, subió a lo alto de la roca en busca de la fuente. Lo que vio, le dejó helado: ante sus ojos, se encontraba una poza de agua donde yacía el cuerpo sin vida de una de las serpientes más venenosas de la región; si hubiese bebido el agua, estaría muerto.

Volvió al campamento, con el cuerpo del halcón entre sus brazos. 
Entonces, mandó hacer una reproducción en oro del ave y grabó en una de sus alas:

Incluso cuando un amigo hace algo que no te gusta, sigue siendo tu amigo.

En la otra, mandó escribir:

Cualquier acción motivada por la furia es una acción motivada al fracaso.


La Historia de la Semana

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