domingo, 23 de abril de 2017

El circo

Solía decir Santa Teresa de Calcuta que el bien no hace ruido y el ruido no hace bien.

Aunque vemos a nuestro alrededor muchas acciones malas, sigo creyendo que la tendencia al bien del ser humano es algo intrínseco en su espíritu, si bien por circunstancias varias a veces actúa de forma incorrecta.

La historia de esta semana, que lleva por título El circo, no sólo habla de hacer el bien, sino además hacerlo de la mejor forma posible: sin que el beneficiario se dé cuenta. De ahí la cita que ponía al inicio de la Madre Teresa.

Ésta suele ser la parte más difícil, pues se basa en una gran humildad personal y confianza en la Providencia. Por eso viene bien recordarlo como en esta ocasión.

Aquí va a continuación y espero que os guste. 

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​El circo
 
Cuando yo era adolescente, en cierta oportunidad estaba con mi padre haciendo cola para comprar entradas para el circo. Al final, solo quedaba una familia entre la ventanilla y nosotros. Esta familia me impresionó mucho. Eran ocho chicos, todos probablemente menores de doce años. 


Se veía que no tenían mucho dinero. La ropa que llevaban no era cara, pero estaban limpios. Los chicos eran bien educados, todos hacían bien la cola, de a dos detrás de los padres, tomados de la mano. Hablaban con excitación de los payasos, los elefantes y otros números que verían esa noche. Se notaba que nunca antes habían ido al circo. Prometía ser un hecho sobresaliente en su vida.

El padre y la madre estaban al frente del grupo, de pie, orgullosos. La madre, de la mano de su marido, lo miraba como diciendo: Eres mi caballero de brillante armadura. Él sonreía, henchido de orgullo y mirándola como si respondiera: Tienes razón.


La empleada de la ventanilla preguntó al padre cuantas entradas quería. Él respondió con orgullo: Por favor, deme ocho entradas para menores y dos de adultos, para poder traer a mi familia al circo. La empleada le indico el precio.

La mujer soltó la mano de su marido, ladeo su cabeza y el labio del hombre empezó a torcerse. Este se acerco un poco más y preguntó: ¿Cuánto dijo? 


La empleada volvió a repetirle el precio. ¿Cómo iba a darse vuelta y decirle a sus ocho hijos que no tenía suficiente dinero para llevarlos al circo?

Viendo lo que pasaba, mi papá puso la mano en el bolsillo, sacó un billete de veinte dólares y lo tiró al suelo. 


Nosotros no éramos ricos en absoluto. Mi padre se agacho, recogió el billete, palmeó al hombre en el hombro y le dijo: Disculpe, señor, se le cayó esto del bolsillo".

El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna, pero sin duda apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incómoda.


Miró a mi padre directamente a los ojos, con sus dos manos le tomó la suya, apretó el billete de veinte dólares y con labios trémulos y una lágrima rodándole por la mejilla, replicó: Gracias, gracias señor. Esto significa realmente mucho para mi familia y para mí.


La Historia de la Semana

miércoles, 5 de abril de 2017

El truco del abogado

Un poco de humor y unas sonrisas nunca vienen mal en estos tiempos.

Esta es una historia simpática para ilustrar hasta dónde llegan los trucos de un abogado para salvar a su cliente. ¡Aunque no le sirvió!


Como les decía un profesor a sus alumnos de derecho en la última clase del curso: 'recuerden siempre que  en el ejercicio de la profesión a veces se gana y a veces se pierde.... pero siempre se cobra! 

Y sin más, aquí va El truco del abogado...
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El truco del abogado

​En Inglaterra un reo estaba siendo juzgado por asesinato. Había evidencias indiscutibles sobre la culpabilidad del reo, pero el cadáver no había aparecido. 


Casi al final de su alegato oral, el abogado, temeroso de que su cliente fuese condenado, recurrió a un truco:

- Señoras y señores del jurado, señor Juez: tengo una sorpresa para todos -dijo, mirando hacia su reloj-. Dentro de dos minutos, la persona que aquí se presume que ha sido asesinada, entrará en la sala de este Tribunal.
 

Y miró fijamente hacia la puerta. Los miembros del Jurado, el mismo Juez, sorprendidos, también ansiosos, se quedaron mirando a la puerta.


Transcurrieron dos largos minutos y nada sucedió. El abogado, entonces, finalizó, diciendo:

- Realmente dije eso y todos ustedes miraron hacia la puerta con la expectativa de ver a la supuesta víctima. Por lo tanto, quedó claro que todos tienen dudas en este caso de que alguien realmente haya sido asesinado. Por eso insisto para que ustedes consideren a mi cliente inocente.

Los jurados, visiblemente confundidos, se retiraron para la deliberar sobre su decisión final. Muy pocos minutos después, los jurados volvieron y el vocero pronunció su veredicto: 


 - ¡Culpable!

- Pero, ¿cómo? - preguntó el abogado- yo ví a todos ustedes mirar fijamente hacia la puerta. 

¡Está claro que tenían serias dudas! Entonces, ¿cómo es que condenan a mi cliente si tienen dudas?

El juez replicó: 

 
- Sí, efectivamente todos nosotros miramos hacia la puerta, menos su cliente... 



La Historia de la Semana

sábado, 1 de abril de 2017

La nuera y la suegra

Aunque la historia de esta semana lleva por título La nuera y la suegra, yo creo que haría más justicia que se titulara ¡Quiero matar a mi suegra!

Bromas aparte, este cuento nos recuerda algo importante: casi siempre, la actitud que uno tiene hacia las demás personas nos es devuelta en la misma medida. Cuando uno es amable, recibe amabilidad; cuando es egoísta, recibe egoísmo; cuando uno es generoso, recibe generosidad.


Practicar el bien es fácil con las personas con que tenemos afinidad, pero ¿y con las demás? Los prejuicios suelen jugar una mala pasada y condicionar nuestra forma de comportamiento.

Es verdad que no podemos cambiar la forma de ser de las personas que están a nuestro lado (como la suegra del cuento), pero sí nuestra actitud y reacciones ante ellas, de manera que la convivencia sea buena.

O dicho en otras palabras: hay más alegría en dar que en recibir, en mostrar amor y amabilidad que rencores. Por eso la historia de esta semana, de la tradición oriental, es muy ilustrativa y didáctica. Espero que os guste.

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La nuera y la suegra

Hace mucho tiempo, una joven llamada Li se casó y fue a vivir con su marido y su suegra. Después de algunos días vio no se entendía con ella.


Sus personalidades eran muy diferentes y Li fue irritándose con los hábitos de la suegra, que frecuentemente la criticaba. Los meses pasaron y Li y su suegra cada vez discutían y peleaban más.

De acuerdo con una antigua tradición china, la nuera tiene que cuidar a la suegra y obedecerla en todo.

Li, no soportando más vivir con la suegra, decidió visitar a un amigo de su padre para que le ayudara a deshacerse de su suegra.


Después de oírla, éste tomó un paquete de hierbas y le dijo:

- Estas hierbas irán envenenando
lentamente a tu suegra, pero no deberás usarlas de una sola vez para liberarte de ella, porque ello causaría sospechas. Cada dos días, pondrás un poco de estas hierbas en su comida.

Ahora bien, para tener certeza de que cuando ella muera nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado y actuar de manera muy amigable.  No discutas con ella, mejor ayúdala a resolver sus problemas. Recuerda tienes que escucharme y seguir todas mis instrucciones.

- Sí, Sr. Huang, -
respondió Li- haré todo lo que usted me indique.

Li quedó muy contenta, agradecida con el Sr. Huang y volvió muy apurada a su casa para comenzar el proyecto de asesinar a su suegra.

Pasaron las semanas y cada dos días, Li servía una comida especialmente preparada para su suegra.

Siempre recordaba lo que el Sr. Huang le había recomendado sobre evitar sospechas, y así controló su temperamento, obedecía a su suegra y la trataba como si fuese su propia madre.

Después de seis meses, la situación en la casa estaba completamente cambiada. Li había controlado su temperamento y ya casi no aborrecía a su suegra.

En estos meses, no había tenido una sola discusión con ella, y ésta ahora parecía mucho más amable y más fácil de lidiar.

La actitud de su suegra cambio radicalmente tanto que comenzó a amar a su nuera y empezó a tratarla como si fuera una verdadera hija, comenzó a decirles a sus mejores amigas y a sus parientes lo orgullosa que se sentía de su nuera.

El esposo de Li estaba realmente feliz de ver lo que estaba sucediendo entre ellas.

Un día Li fue nuevamente a ver al Sr. Huang, para pedirle ayuda y le dijo:

- Querido Sr. Huang, por favor ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi suegra. Ella se ha transformado en una mujer agradable y la amo como si fuese mi madre. No quiero que ella muera por causa del veneno que le di.

El Sr. Huang sonrió y le dijo:

- Li, no tienes por qué preocuparte. Tu suegra no ha cambiado, la que cambió fuiste tú. Las hierbas que te di eran vitaminas para mejorar su salud. El veneno estaba en tu mente, en tu actitud, pero fue echado fuera y ha sido sustituido por el amor que pasaste a darle a ella.
 


La Historia de la Semana