domingo, 26 de julio de 2009

La mariposa azul

Termina el mes de julio y llega el período vacacional (¡aunque ya me han recordado que en América Latina no funciona igual :-) ! O sea que ésta será la última historia de la semana de este curso. Durante el mes de agosto 'cerraremos por vacaciones' a la espera de que llegue el nuevo curso con nuevas ideas y renovada ilusión. ¡Y de paso descansáis un poco de las historias!!

Mientras tanto, yo estaré de 'relax' participando en los campamentos de Quintanabaldo y en el campo de trabajo (http://www.juventudidente.net/spip/recherche.php3?recherche=quintanabaldo ), al que estáis invitados (será entre el 23 y el 27 de agosto). ¿Alguien valiente se anima?

La historia de esta semana se titula 'La mariposa azul' y viene a recordar algo que a mí me parece importante: nuestra vida está en nuestras manos. Nos toca gobernar la nave y dirigirla hacia donde nos va indicando nuestro corazón, sin dejarse llevar por otras circunstancias. ¡Espero que os guste!

Con mis mejores deseos para estos días de asueto, me despido con un abrazo muy fuerte. Muchas gracias a tod@s por vuesta paciencia y amistad. ¡Y seguiremos en septiembre si Dios quiere!!
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La mariposa azul

Había un señor viudo que vivía con sus dos hijas, que eran muy curiosas e inteligentes. Las niñas siempre hacían muchas preguntas. A algunas de ellas él sabía responder, a otras no.

Como pretendía ofrecerles la mejor educación, mandó las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina.

El sabio siempre respondía a todas las preguntas sin ni siquiera dudar. Impacientes con el sabio, las niñas decidieron inventar una pregunta que él no supiera responder.

Entonces, una de ellas apareció con una linda mariposa azul que usaría para engañar al sabio.

"¿Qué vas a hacer?" –preguntó la hermana.

"Voy a esconder la mariposa en mis manos y preguntarle al sabio si está viva o muerta"

"Si él dijese que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré. Y así, cualquiera que sea su respuesta, ¡será una respuesta equivocada!"

Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio, que estaba meditando.

- "Tengo aquí una mariposa azul. Dígame, sabio, ¿está viva o muerta?"

Muy calmadamente el sabio sonrió y respondió:

"Depende de ti... Ella está en tus manos."

miércoles, 22 de julio de 2009

El reflejo de la vida

Se acaba el mes de julio y todo el mundo está ya pensando en las vacaciones. ¡Yo también para no ser menos! O sea que el finde que viene enviaré la última historia de este curso (así podréis descansar un poco de este amigo tan pesado :-))

Muchas veces me he hecho la pregunta de cómo es posible que ante la misma situación externa cada uno reaccionemos de manera diferente. Hay quien se enfada, quien sonríe, quien pasa olímpicamente o se preocupa como si fuera vital,... De esto trata la historia de este semana, que lleva por título El reflejo de la vida, aplicado a la amistad.


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El reflejo de la vida

Había una vez un anciano que pasaba los días pescando, sentado junto al río, a la entrada de un pueblo. Un día pasó por allí un joven, se acercó y le dijo:


- Disculpe señor, soy nuevo aquí, nunca antes había venido por estos lugares. ¿Cómo es la gente de esta ciudad?


El anciano le respondió con otra pregunta:


-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?


-Egoístas y malvados, por eso estoy contento de haberme marchado de allí.


- Pues precisamente así son los habitantes de esta ciudad -le respondió el anciano.


Un poco después pasó otro joven, se acercó al anciano y le expuso la misma cuestión:


-Perdone, justamente acabo de mudarme y es la primera vez que voy a entrar en esta ciudad, ¿podría decirme cómo son sus habitantes?


El anciano le respondió de nuevo con la misma pregunta:


-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?


-Eran buenos y generosos, hospitalarios, honestos y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos.


-Pues también los habitantes de esta ciudad son así -respondió el anciano.


Un hombre que había llevado a sus animales a beber agua al río y que había escuchado ambas conversaciones, en cuanto el segundo joven se alejó le preguntó al anciano:


-¿Cómo puede dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta realizada por dos personas?


-Mira -respondió el anciano-, es muy sencillo. Cada persona lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, también aquí encontrará amigos fieles y leales.


sábado, 11 de julio de 2009

Corazón de cebolla

Escribo desde Roma, donde me encuentro esta semana participando en un curso para misioneros. Tiempo de convivencia, tiempo de compartir; tiempo de reencuentro con amigos de siempre, tiempo de aprender,.... y tiempo de recuperar fuerzas para el curso que viene.


Decimos a veces que las personas 'en el fondo son buenas'. Yo estoy convencido que es un aserto plenamente real. Son las circunstancias que nos rodean las que hacen que se tengan que autoproteger, cubriendo los verdaderos y auténticos sentimientos en capa tras capa para no resultar vulnerable y poder defenderse frente a la adversidad.


Por eso es bueno aprender a ver el corazón de las personas a través de sus manifestaciones y libres de prejuicios. Por cierto, ¿sabéis porque lloramos al pelar una cebolla? Pues seguid leyendo y lo sabréis ...
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Corazón de cebolla


Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas.


Como todos los huertos, tenía mucha frescura y agrado. Por eso daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros.


Pero de pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales. Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado... El caso es que los colores eran deslumbradores, centelleantes, como el color de una sonrisa o el color de un bonito recuerdo.


Después de sesudas investigaciones sobre la causa de aquel misterioso resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro, en el mismo corazón (porque también las cebollas tienen su propio corazón), un piedra preciosa. Una tenía un topacio, la otra un aguamarina, aquélla un lapislázuli, la de más allá una esmeralda ... ¡Una verdadera maravilla!


Pero por una incomprensible razón se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado y hasta vergonzoso. Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa e íntima con capas y más capas, cada vez más oscuras y feas, para disimular cómo eran por dentro. Hasta que empezaron a convertirse en unas cebollas de lo más vulgar.


Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse a la sombra del huerto y sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarlas una por una:


-¿Por qué no eres como eres por dentro?


Y ellas le iban respondiendo:


-Me obligaron a ser así...


-Me fueron poniendo capas... incluso yo me puse algunas para que no me dijeran....


Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban de por qué se pusieron las primeras capas. Y al final el sabio se echó a llorar. Y cuando la gente lo vio llorando, pensó que llorar ante las cebollas era propio de personas muy inteligentes.


Por eso todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre su corazón. Y así será hasta el fin del mundo.