viernes, 26 de diciembre de 2008

Zapatos para estar con Jesús

como no podía ser menos, esta semana envío una historia de navidad, de esas que nos recuerdan los buenos sentimientos que todos albergamos en nuestro corazón pero que a veces no nos atrevemos a expresar por miedo, por timidez, por cansancio,.... ¿Y si para nosotros todo el año fuera navidad? ¡¡Vaya reto!!

Un abrazo muy fuerte con mis mejores deseos, ¡y a disfrutar de estos días!!



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ZAPATOS PARA ESTAR CON JESÚS


Solo faltaban cinco días para la Navidad. Aún no me había atrapado el espíritu de estas fiestas. Los estacionamientos llenos, y dentro de las tiendas, el caos era mayor. No se podía ni caminar por los pasillos. ¿Por qué vine hoy?, me pregunté.


Me dolían los pies lo mismo que mi cabeza. En mi lista estaban los nombres de personas que decían no querer nada, pero yo sabía que si no les compraba algo se resentirían. Llené rápidamente mi carrito con compras de último minuto y me dirigí a las colas de las cajas registradoras. Escogí la más corta, calculé que serían por lo menos 20 minutos de espera.


Frente a mí había dos niños, uno de 10 años y su hermana de 5. Él iba mal vestido con un abrigo raído, zapatos deportivos muy grandes, probablemente 3 tallas más grandes. Los jeans le quedaban cortos. Llevaba en sus sucias manos unos cuantos billetes arrugados. Su hermana iba vestida parecido a él, sólo que su pelo estaba enredado. Ella llevaba un par de zapatos de mujer dorados y resplandecientes.


Los villancicos navideños resonaban por toda la tienda y yo podía escuchar a la niñita tararearlos. Al llegar a la caja registradora, la niña le dio los zapatos cuidadosamente a la cajera, como si se tratara de un tesoro. La cajera les entregó el recibo y dijo: son $6.09. El niño puso sus arrugados billetes en el mostrador y empezó a rebuscarse los bolsillos. Finalmente contó $3.12.


-Bueno, creo que tendremos que devolverlos, volveremos otro día y los compraremos, añadió. Ante esto la niña dibujó un puchero en su rostro y dijo: "Pero a Jesús le hubieran encantado estos zapatos".


-Volveremos a casa trabajaremos un poco más y regresaremos por ellos. No llores, vamos a volver.


Sin tardar, yo le completé los tres dólares que faltaban a la cajera. Ellos habían estado esperando en la cola por largo tiempo y después de todo, era Navidad. Y en eso un par de bracitos me rodearon con un tierno abrazo y una voz me dijo, muchas gracias señor.


Aproveché la oportunidad para preguntarle qué había querido decir cuando dijo que a Jesús le encantarían esos zapatos. Y la niña, con sus grandes ojos redondos, me respondió:


"Mi mamá está enferma y yéndose al cielo. Mi papá nos dijo que se iría antes de Navidad para estar con Jesús. Mi maestra de catecismo dice que las calles del cielo son de oro reluciente tal como estos zapatos. ¿No se le verá a mi mamá hermosa caminando por esas calles con estos zapatos?"


Mis ojos se inundaron al ver una lágrima bajar por su rostro radiante.


Por supuesto que sí, le respondí. Y en silencio, le di gracias a Dios por usar a estos niños para recordarme el verdadero valor de las cosas.

viernes, 19 de diciembre de 2008

El árbol que no sabía quién era

Seguro que os habéis dado cuenta y no revelo ningún secreto: ya no hay remedio: ¡¡tenemos la Navidad encima!! ¡¡Ya ha pasado otro año!!!

¿Qué vamos a hacer? ¿Seguir la corriente como todo el mundo? ¿Hacer lo de siempre? ¿O buscar dentro de cada un@ lo que realmente me llena y me hace ver la vida 'con otros ojos'?

Pues para dar ideas, aquí os va la historia de esta semana, con mis mejores deseos para todos y cada uno.


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El árbol que no sabía quién era

Había una vez, en algún lugar que podría ser cualquier lugar y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales.

Todo era alegría en el jardín; y todos ellos estaban muy satisfechos y felices. Excepto por un solo árbol, profundamente triste.

El pobre tenía un problema: no daba frutos. "No sé quién soy," se lamentaba.

- Lo que te falta es concentración,- le decía el manzano,- si realmente lo intentas, podrás tener deliciosas manzanas. ¿Ves que fácil es?

- No lo escuches,- exigía el rosal.- Es más sencillo tener rosas y ¿Ves que bellas son?

Y desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:

-No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Es tu enfoque lo que te hace sufrir.
"No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tu mismo. Conócete a ti mismo como eres. Y para lograr esto, escucha tu voz interior." Y dicho esto, el búho se fue.

-"¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...? ".- Se preguntaba el árbol desesperado. Y se puso a meditar esos conceptos.

Finalmente, de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior diciéndole:

"Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros y belleza al paisaje. Eso es quién eres. ¡Sé lo que eres!"

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces todo el jardín fue completamente feliz, cada quien celebrándose a sí mismo.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Una buena lección

Se acerca la Navidad y los buenos sentimientos se vuelven más espontáneos y surgen más fácilmente.

Y cuando se trata de sentimientos generosos no está de más llevarlos a la práctica con alegría. De eso va la historia de hoy.


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UNA BUENA LECCIÓN


Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones.


Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.


El alumno dijo al profesor:


- Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre.


- Mi querido amigo -le dijo el profesor-, nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres.Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.


Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo.
Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar.


Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda.


Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.


El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas.


- Ahora- dijo el profesor- ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?


El joven respondió:


- Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo que es mejor dar que recibir.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Una gota de esperanza

Este fin de semana es muy especial para mí, pues se cumplen cuatro años del fallecimiento de Fernando Rielo, maestro, padre y amigo, de quien aprendí cuanto intento llevar a la práctica en mi vida cotidiana, tanto en lo espiritual como en lo humano.

Entre otras muchas cosas, nos decía que somos esperanza y fermento para la sociedad. Por eso, en homenaje suyo, os envío este relato sobre la esperanza, con la ilusión de que todos seamos realmente esperanza para los demás, empezando por nuestros seres queridos.

Un abrazo muy fuerte y muchas gracias por vuestra amistad.


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UNA GOTA DE ESPERANZA

En la ladera de una montaña había una fuente conocida por todos como "La Fuente de la Esperanza". Todo aquel que estaba deprimido o desanimado por alguna dificultad, bastaba con que bebiera un poco de aquella agua para llenarse de esperanza y tener fuerzas para superar su dificultad, por imposible que pareciera. Esto hacía que los habitantes de aquella región estuvieran siempre alegres a pesar de los problemas.

Pero un día la fuente se secó y ya no pudieron beber su agua. Esto fue catastrófico. El desánimo y la desesperanza se apoderó de todos. Dejaron de estar alegres y se volvieron terriblemente pesimistas.

Sólo hubo un niño que no perdió la esperanza.

Todas las mañanas acudía a la fuente esperando que volviera a caer el agua. Y allí se pasaba el día entero. Los que le veían le decían que se marchara porque estaba perdiendo el tiempo; la fuente se había secado para siempre. Pero él no les hacía caso. Todos los días, semana tras semana, no dejó de ir a la fuente. Algunos hasta se burlaban de él y le tomaban el pelo. Era imposible que saliera agua porque el manantial de donde se alimentaba la fuente estaba cegado por la tierra.

Una mañana de tantas, cuando todo parecía perdido, el niño vio con sorpresa que de la fuente iba a caer una gota de agua. Era la última gota de esperanza que le quedaba. A toda prisa puso su mano para recogerla y se fue entusiasmado a enseñársela a todos.

Pero nadie le hizo caso. Aquello era una gota insignificante que no valía ya para nada. Le dijeron que la tirara donde quisiera porque ya no había nada que hacer. La esperanza estaba perdida sin remedio.

El pobre niño se marchó muy triste y desanimado. Así que fue al pozo de donde bebían todos y tiró allí su gota de agua.
Sin embargo, aquella única gota de agua tenía la esperanza tan concentrada en su interior, que cuando se mezcló con el agua del pozo, hizo que todo él se contagiara de esperanza.

Al día siguiente, cuando todos bebieron de aquel agua, quedaron nuevamente llenos de esperanza. Cuando se enteraron de que había sido por la gota de agua que el niño había echado, fueron a darle las gracias porque fue el único que continuó esperando contra toda esperanza.

Y desde entonces, aquel pozo fue conocido por todos como el Pozo de la Esperanza.

sábado, 29 de noviembre de 2008

La Plaza

La historia de esta semana es sencilla, sin grandes cuestiones, muy humana y natural, como la vida de casi todos nosotros.

Y a mi me recuerda las grandes cosas que se pueden hacer con las cosas sencillas de la vida que nos rodea, sin publicidad pero con un corazón de oro cuando pensamos en los demás.

Con todos Vds. 'La Plaza'.
¡Que lo disfrutéis!

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LA PLAZA



La plaza era más o menos redonda. Tenía siete árboles viejos, que habían sobrevivido a todas las obras. Tenía cuatro bancos de madera. Tenía una fuente. Tenía cinco farolas, a cuyo talle se abrazaban cinco papeleras. Y nada más. La plaza más o menos redonda no tenía nada más. Los siete árboles daban sombra a las personas y servían de hogar a un centenar de gorriones.



En los cuatro bancos de madera la gente se sentaba a merendar, a leer el periódico, a mirar a los demás, a dibujar corazones atravesados por las flechas del amor.



Alrededor de la fuente jugaban los niños: atascaban el desagüe de la pileta con tierra y abrían el grifo hasta que se formaba un charco grande.



Las cinco farolas se encendían al atardecer y las amorosas papeleras siempre estaban llenas de envoltorios de golosinas.



Algunas mañanas, Lola y Braulio, dos gitanos jóvenes, aparcaban su vieja furgoneta en la plaza y vendían melones. El pelo de Braulio parecía esculpido en carbón brillante. El delantal de colores de Lola no disimulaba su embarazo.



Todos los días, puntualmente, Manuel acudía a la plaza más o menos redonda. Manuel era muy viejo y caminaba despacio, arrastrando los pies. Cada paso que daba le costaba un esfuerzo muy grande. Su rostro, lleno de surcos, parecía un campo áspero y recién labrado, en el que sólo brillaban las dos gotas de rocío que eran sus ojos.



Manuel había vivido siempre en el pueblo, en su casa grande y horizontal de adobe, muy cerca de la tierra. Pero cuando Elia murió, su hijo Manolo se lo llevó a vivir a su piso de la gran ciudad.



Se sintió extraño Manuel en la nueva casa, vertical y pequeña, en la que apenas había sitio para acomodarlo. Se sintió extraño con su hijo y su nuera, tan hacendosos. Se sintió extraño con sus nietos que no se despegaban del televisor. Se sintió extraño en aquel barrio donde todo el suelo era de asfalto y cemento.



Un día, paseando, Manuel encontró la plaza más o menos redonda. Desde entonces, acude puntualmente a ella todas las tardes. Se sienta en un banco y abre la bolsa de plástico donde lleva un trozo de pan, que desmigaja para que puedan comerlo los cien gorriones que viven en los siete árboles. Algunos pajarillos se atreven incluso a picotear en la palma pétrea de su mano.



Manuel siente que los cien gorriones le necesitan. De vez en cuando pasan por la plaza más o menos redonda los guardias. Pasan frente a Lola y Braulio, los gitanos que venden melones, pero no les dicen nada. Los guardias recuerdan el día en que les quitaron la fruta por vender sin licencia y Manuel comenzó a defenderlos. Al final, todo el barrio se puso de su parte y los guardias tuvieron que meterse a toda prisa en su coche con luces y sirenas y marcharse de allí.



Manuel piensa que Lola y Braulio le necesitan. Si alguien recrimina a los niños cuando encenagan la fuente y forman un charco, Manuel se levanta del banco muy enfadado y grita: "¡Dejen a los niños en paz! ¡Los niños tienen que jugar!" Los niños quieren a Manuel y a veces le han invitado a jugar con ellos.



Manuel piensa que los niños le necesitan. También piensa que le necesitan los enamorados que se besan en los bancos y pintan sobre los respaldos corazones atravesados por las flechas del amor.



Y cuando se encienden las cinco farolas, al atardecer, Manuel se levanta del banco y regresa hacia la casa de su hijo Manolo, vertical y pequeña, con su nuera tan hacendosa, con sus nietos que no se despegan del televisor, en medio de aquel barrio tan grande y sin tierra firme.



Y mientras se esfuerza por mover sus piernas, habla en voz alta con Elia:



Tendrás que esperar un poco más. Esta plaza más o menos redonda es lo único con sentido que le queda a este barrio. Y temo que, si yo me marcho, desaparezca también. Tengo que quedarme un poco más, pero no te impacientes, cariño.

domingo, 23 de noviembre de 2008

El sentido de la vida


¡Qué deprisa pasan las semanas, ¿verdad?! ¡A mi es que se me van volando!
Pero pienso que lo importante es sobre todo cómo sueño en mi corazón las cosas que están por delante, la esperanza que pongo en el futuro aunque el presente no lo vea del todo claro.
Os dejo con este texto sobre 'El sentido de la vida', que trata precisamente sobre este tema.

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EL SENTIDO DE LA VIDA

Sólo tu fe hará que sigas adelante cuando te encuentres ante un muro.
Que te levantes cuando caigas o que lo intentes otra vez cuando fracases.
Porque la fe mueve montañas.
No la fe ciega del que se niega a comprender,
del que no sabe y se conforma con no saber
–eso no es fe: eso es ceguera-,
Sino una fe de hombre y mujer que busca y lucha por sus sueños,
una fe activa:
Fe de vida y de esperanza,
Fe en ti mismo y en los demás, en su nobleza,
en la verdad de sus razones y hasta en sus buenas intenciones.
Fe en esta luz del nuevo día y en sus promesas y alegrías.
En la bondad, en la justicia,
en este mundo y en el otro,
en el Dios todo poderoso y en el amor que todo lo puede.
Fe en lo imposible si es hermoso.
En el futuro, en el presente,
En que no hay mal que siempre dure,
En cualquier caso, sobre todo y frente a todo:
¡Fe!

sábado, 15 de noviembre de 2008

Los tres ciegos

¿Estamos convencidos que nuestras ideas son las mejores?
¿Damos por sentado que siempre tenemos razón?
Lo que para mí es blanco, ¿puede ser gris para otra persona?
En fin, muchas más preguntas me vienen a la cabeza después de leer este cuento que adjunto esta semana, ¡pero os las dejo descubrir a vosotros!

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Los tres ciegos


Había una vez tres sabios. Y eran muy sabios. Aunque los tres eran ciegos. Como no podían ver, se habían acostumbrado a conocer las cosas con solo tocarlas. Usaban de sus manos para darse cuenta del tamaño, de la calidad y de la calidez de cuanto se ponía a su alcance.

Sucedió que un circo llegó al pueblo donde vivían los tres sabios. Entre las cosas maravillosas que llegaron con el circo, venía un gran elefante blanco. Y era tan extraordinario este animal que toda la gente no hacía más que hablar de él.

Los tres sabios que eran ciegos quisieron también conocer al elefante. Se hicieron conducir hasta el lugar donde estaba y pidieron permiso para poder tocarlo. Como el animal era muy manso, no hubo ningún inconveniente para que lo hicieran.

El primero de los tres estiró sus manos y tocó a la bestia en la cabeza. Sintió bajo sus dedos las enormes orejas y luego los dos tremendos colmillos de marfil que sobresalían de la pequeña boca. Quedó tan admirado de lo que había conocido que inmediatamente fue a contarles a los otros dos lo que había aprendido. Les dijo:

- El elefante es como un tronco, cubierto a ambos lados por dos frazadas, y del cual salen dos grandes lanzas frías y duras.

Pero resulta que cuando le tocó el turno al segundo sabio, sus manos tocaron al animal en la panza. Trató de rodear su cuerpo, pero éste era tan alto que no alcanzaba a abarcarlo con los dos brazos abiertos. Luego de mucho palpar, decidió también él contar lo que había aprendido. Les dijo:

- El elefante se parece a un tambor colocado sobre cuatro gruesas patas, y está forrado de cuero con pelo para afuera.

Entonces fue el tercer sabio, y agarró el animal justo por la cola. Se colgó de ella y comenzó a hamacarse como hacen los chicos con una soga. Como esto le gustaba al elefante, estuvo largo rato divirtiéndose en medio de la risa de todos. Cuando dejó el juego, comentaba lo que sabía. También él dijo:

- Yo sé muy bien lo que es un elefante. Es una cuerda fuerte y gruesa, que tiene un pincel en la punta. Sirve para hamacarse.

Resulta que cuando volvieron a casa y comenzaron a charlar entre ellos de lo que habían descubierto sobre el elefante, no se podían poner de acuerdo. Cada uno estaba plenamente seguro de lo que conocía. Y además tenía la certeza de que sólo había un elefante y de que los tres estaban hablando de lo mismo. Pero lo que decían parecía imposible de concordar.

Tanto charlaron y discutieron que casi se pelearon.

Pero al fin de cuentas, como eran los tres muy sabios, decidieron hacerse ayudar, y fueron a preguntar a otro sabio que había tenido la oportunidad de ver al elefante con sus propios ojos.

Y entonces descubrieron que cada uno de ellos tenía razón. Una parte de la razón. Pero que conocían del elefante solamente la parte que habían tocado.
Y le creyeron al que lo había visto y les hablaba del elefante entero.

viernes, 7 de noviembre de 2008

El viejo maestro

¡Ya hemos llegado a otro fin de semana!

¿Qué consideramos más importante: lo que llevamos en nuestro corazón o lo que nos viene de fuera? Una respuesta en la historia de esta semana.


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EL VIEJO MAESTRO

Había una vez hace mucho tiempo un viejo maestro en el arte de la guerra, ya retirado, que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante. Nunca había perdido un combate.

Sabiendo de la fama del viejo maestro, fue allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible. Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró.

Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.

-Si alguien te hace un regalo y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el viejo maestro.

-A quien intentó entregarlo -respondió un discípulo.

-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -dijo el maestro- : Cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

viernes, 31 de octubre de 2008

La mejor medicina

Hola de nuevo!!
Esta semana me han llegado más historias, así que aquí va otra sobre cómo tratar a la gente.
Más abrazos y mejor finde
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LA MEJOR MEDICINA
Un estudiante fue con un maestro para aprender el arte de curar. Vieron venir a un paciente y el maestro dijo:
-Este hombre necesita granadas para curar.
El estudiante recibió al paciente y le dijo:
-Tiene usted que tomar granadas, es todo lo que necesita.
El hombre se fue protestando y probablemente no consideró en serio el consejo. El estudiante corrió a su maestro y preguntó qué es lo que había fallado. El maestro no dijo nada y esperó a que de nuevo se dieran las circunstancias.
Pasó un tiempo y el maestro dijo de otro paciente:
-Ese hombre necesita granadas para curar, pero esta vez seré yo quien actúe.
Le recibió y se sentaron, hablaron de su familia, de su trabajo, de su situación, dificultades e ilusiones. El maestro con aire pensativo dijo como para sí mismo:
-Necesitarías algún fruto de cáscara dura, anaranjada, y que en su interior contenga granos jugosos de color granate.
El paciente interrumpió exclamando:
-¡Granadas!, ¿y eso es lo que podría mejorarme?.
El paciente curó y el estudiante tuvo una ocasión más para aprender que el remedio es la mitad de la cura.
La otra mitad es el acompañamiento y la respuesta de aquel a quien se cura.


Padrenuestro


A veces releemos cosas y nos sorprende algún matiz nuevo que antes no habíamos captado.

A mí me acaba de ocurrir con este Padrenuestro que me ha llegado y que comparto con todos vosotros.

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Padre nuestro que estás en los cielos,
Y en la tierra que se muere
y en los ojos de los niños que no tienen p'a comer.

Santificado sea tu nombre,
Y que "to" el mundo se entere
de tu mano generosa, de tu fuerza y tu poder.

Venga a nosotros tu reino,
Y que brille lo más limpio,
lo más bueno, lo más puro, lo mejor de nuestro ser.

Hágase tu voluntad,
Y se lleve la basura,
la violencia y la mentira hasta desaparecer.

Así en la tierra como en el cielo,
Protégenos, Señor,
Ayúdanos, Señor.

Danos hoy nuestro pan de cada día,
Y que la naturaleza se reparta entre la gente
de manera natural.

Y perdona nuestras ofensas,
Como tú nos enseñaste a querer
a tus hermanos y a saberlos perdonar.

Así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
Nos ofenden la injusticia,
los tiranos, los cobardes, los racistas y el dolor.

No nos dejes caer en la tentación.
No permitas que se enferme
lo bonito, lo cristiano, ni el amor del corazón.

Y líbranos del mal.
Bendícenos Señor
Escúchanos, Señor.

Amén.

(De la Misa de la Alegría)

viernes, 24 de octubre de 2008

La juventud

A veces pensamos, viendo el ambiente que nos rodea, que la juventud de hoy 'está perdida'.


Pero siempre hay lugar a la esperanza. Yo apuesto por ello, por su futuro, como el autor del texto que sigue (¡¡seguramente sólo hace falta que lo vean en nosotros, los mayores!!)


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LA JUVENTUD



Lo importante de la juventud es haber producido una gran cosecha:



- De la vehemencia y el entusiasmo surgirá la paz y la serenidad.



- De la ilusión brotará la lucidez.



- Del optimismo, la esperanza.



- De la risa fácil y la alegría ruidosa, el apacible y agudo sentido del humor.



- De la capacidad de asimilación nacerá la riqueza interior.



- Del interés abierto a todo llegará la experiencia abierta a todo.



- El ímpetu y el vigor producirán la paciencia y la dulzura.



- La búsqueda inquieta de la felicidad concluirá en el aprecio del bien poseído.



- De la fe en los demás llegará la indulgencia y la comprensión de todos.



- De la alegría de vivir, el gozo de haber vivido.



- De la necesidad de amar y ser amado surgirá la derrota de todos los egoísmos y un amor, al fin, plenamente desprendido.



(Del libro Razones, de José Luis Martín Descalzo)

sábado, 18 de octubre de 2008

Llámale...

Para pensar un poco y situar las cosas en su justo sitio.


Abrazos y feliz finde,


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LLAMALE...



A eso de caer y volver a levantarte,


de fracasar y volver a comenzar,


de seguir un camino y tener que torcerlo,


de encontrar el dolor y tener que afrontarlo,


a eso, no le llames adversidad,


llámale SABIDURIA.



A eso de sentir la mano de Dios y saberte impotente,


de fijarte una meta y tener que seguir otra,


de huir de una prueba y tener que encararla,


de planear un vuelo y tener que recortarlo,


de aspirar y no poder,


de querer y no saber,


de avanzar y no llegar,


a eso, no le llames castigo,


llámale ENSEÑANZA.



A eso, de pasar días juntos radiantes,


días felices y días tristes,


días de soledad y días de compañía,


a eso, no le llames rutina,


llámale EXPERIENCIA.



A eso de que tus ojos miren y tus oídos oigan,


y tu cerebro funcione y tus manos trabajen,


y tu alma irradie y tu sensibilidad sienta,


y tu corazón ame,


a eso, no le llames poder humano,


llámale MILAGRO.

viernes, 3 de octubre de 2008

Dos monjes

¿Hasta qué punto nuestro pasado condiciona nuestro futuro?
¿Somos libres para decidir nuestras acciones?
Esto y más en la historia de esta semana.
Abrazos y feliz finde!

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Dos monjes iban caminando por el campo al atardecer; mientras caminaban, oraban y reflexionaban.

Un poco antes de acercarse a un río que tenían que cruzar, el cual no tenía puente para hacerlo, se les acercó una mujer de baja estatura, pidiéndoles que le ayudaran a cruzar el río. Uno de ellos inmediatamente dijo que sí, mientras el otro lo veía con mirada de desaprobación.


El que se apuntó para ayudar a la pequeña mujer la subió en sus hombros y terminado el río la bajó de sus hombros, la mujer quedó muy agradecida con ese monje.

Los monjes siguieron su camino y el que no aprobó la decisión empezó a reclamarle al monje que ayudó a la mujer a cruzar el río acerca de su comportamiento: ¿Porqué subiste a esa mujer a tus hombros?, ¿no sabes que en el convento nos tienen prohibido mantener contacto con mujeres?

El monje que había ayudado a la mujer no respondía a las preguntas del otro monje. Siguieron su camino y el monje insistía en sus preguntas, a lo que el otro monje no respondía.

Poco antes de llegar al convento, el monje le volvió a cuestionar acerca de lo que había hecho y por fin el monje respondió: Hace más de cuatro horas que esta mujer ya no está cerca de mi cabeza, pero sigue en la tuya. ¿Qué ganas con hacerte daño al tener en tu mente cosas del pasado?, ¿qué ganas con tener en tu mente cosas que a ti no te afectan?

viernes, 26 de septiembre de 2008

¿Buena suerte o mala suerte?

¿Cómo acogemos los sucesos cotidianos?
Aqui va una bonita historia para compartir.
Un fuerte abrazo, feliz finde y hasta la próxima semana!!

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¿Buena suerte o mala suerte?



Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:


-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!


El hombre lo miró y le dijo:


-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.


Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:


-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!


El hombre lo miró y le dijo:


-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.


Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:


-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.


El hombre, otra vez lo miró y dijo:


-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.


Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:


-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!


Otra vez el hombre lo miró diciendo:


-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Tengo un sueño

Aqui va la 'historia' de esta semana.

Genial para empezar el curso.
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TENGO UN SUEÑO

de Martin Luther King




Tengo un sueño,
un solo sueño:
seguir soñando.



Soñar con la libertad,
soñar con la justicia,
soñar con la igualdad,
¡y ojalá ya no tuviera
necesidad de soñarlas!



Soñar a mis hijos
grandes sanos felices
volando con sus alas
sin olvidar nunca el nido.



Soñar con el amor,
con amar y ser amado,
dando todo sin medirlo
y recibiendo todo sin pedirlo.



Soñar con la paz
en el mundo,
en mi país,
en mi mismo,
y quién sabe
cuál es más difícil
de alcanzar.



Soñar que mis cabellos,
que ralean y se blanquean,
no impiden que mi mente
y mi corazón
sigan jóvenes
y se animen
a la aventura,
sigan niños
y conserven la capacidad
de jugar.



Soñar
que tendré la fuerza,
la voluntad
y el coraje
para ayudar
a concretar mis sueños
en lugar de pedir por milagros
que no merecería.



Soñar
que, cuando llegue al final,
podré decir
que viví soñando
y que mi vida
fue un sueño soñado
en una larga
y plácida noche
de la eternidad.